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El pan

Siendo pequeña la niña, con tres o cuatro años, los fines de semana íbamos a comprar el pan. Ella me agarraba el meñique y atravesábamos la vía para acceder a la tienda. El meñique era ese cordón umbilical que daba seguridad a la distinguida señorita. Por ese meñique sin oficio, en la partitura de la mano, se transmitía el amor y cuidado del padre a su hija. Realizada la compra, la patrona veía la sorpresa, unos días era pan de leña, otros el bollito inglés, el panecillo de Viena, pan de pueblo, serrano, el bollete crujiente, el migajón, la tostada. Pan con pan. Juan Ramón decía que Moguer olía a pan, que era como un pan blanco. Y uno, se acuerda de las migajitas de pan de Pulgarcito; y del pan con aceite de cuando la infancia; de dónde se coloca, si a la derecha o a la izquierda; si con el cuchillo o con los dedos… Aquello del meñique y el pan de ahora, parece que no, pero es que sí. Y con el meñique, también lo  desmigajábamos y esparcíamos  por la terraza. Acudían  palomas y  pardales. Y la patrona, ufana, nos miraba complacida.

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2 comentarios el “El pan

  1. ¡Qué buenos recuerdos! y cuándo iba yo sóla a comprar el pan a Pili y me comía siempre el piquito…

  2. Y siempre la presencia de la patrona, atenta, siguiéndoos a la niña y a ti.

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