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Las naranjas

Pasaba el hortelano por las calles del pueblo anunciando la venta. Caballos percherones transportaban los canastos de  frutas y verduras  cogidas por las mañanas. Llevo los tomates, los pepinos, los pimientos, los ajos. Y aquella voz ronca del tabaco penetraba por todas las casas. Botello se acercó y pidió tres kilos de naranjas. Pesonitas aunque entren menos. Seguro que Carmen, de una naranja, sacaría un vaso duralex repleto de zumo. Por un instante, recordamos el pasaje de Platero y yo, La Carretilla, donde una niña, rota y sucia, y un borrico miserable, intentaban sacar del arroyo, el carro colmado de naranjas que se había atascado por las últimas lluvias. Juan Ramón enganchó a Platero como pudo y de un golpe lo sacaron del atolladero. Qué sonreir el de la chiquilla…en agradecimiento le dio dos escogidas naranjas; finas, pesadas, redondas. Y recuerdo aquella otra naranja del bodegón de Cezane, que parece que se cae… Yo me quedo con las de Botello, pesonitas aunque entren menos.

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